Como se puede pasar de la derrota a la gloria: los 18 segundos
que ya forman parte de la historia del fútbol.
ZARAGOZA 2 - REAL MADRID 2
BARCELONA 2 - ESPANYOL 2
Que la realidad supera siempre la ficción
es algo que el destino se ha empeñado en enseñarnos una y
otra vez. Lo que está escrito en las estrellas es algo que no puede
entrar en la imaginación del más ingenioso literato, y ayer
esto se manifesto en dos terrenos de juego: Zaragoza y Barcelona. En menos
de medio minuto se cambió la historia de una liga que de caer en
manos del Real Madrid adquiriría tintes épicos.
Las adversidades que se presentan por el
camino valen para saborear con mayor deleite un desenlace feliz. En el campo
los obstáculos llegaban en forma de penaltis en contra, goles de
un crack argentino con delirios maradonianos, jarros de agua fría
tras un esperanzador empate... y el tiempo que corre sin pausa.
No voy a narrar los acontecimientos, porque
supongo que son conocidos, no hay más que echar un vistazo a la prensa
del día o visitar las páginas deportivas o de actualidad.
Y lo que tampoco voy a hacer es ocultar mi madridismo renacido, he pecado
como tantos otros compañeros de fatigas de haber bajado los brazos
durante parte de la temporada, pero partidos como los del Sevilla, Espanyol,
Recreativo y por supuesto la visita al Camp Nou han obrado el milagro de
volver a creer, de recuperar la fe. Porque en todo esto hay mucha fe, la
suerte es un término que dejó de ser válido cuando
jornada tras jornada ves como un equipo avanza contra viento y marea gracias
a su empuje y una impresionante confianza en sus posibilidades que le dejan
en una posición privilegiada para saborear el premio final. Aun ene
stos momentos de euforia no quiero celebrar nada, queda un último
partido, y aunque parece que la historia está escrita y encaminada
en un único sentido, estamos presenciando giros del destino que se
pueden tornar en contra, aunque yo tenga la confianza en que serán
los madridistas los que se alcen con el trofeo de liga más épico
que se recuerde. Y si yo tengo confianza, hay un club entero que me supera
en convicción, y gracias a ellos estamos disfrutando de un momento
estusiasta mirando a un futuro próximo del que no podemos saber que
más nos puede deparar. Pero por lo pronto los madridistas debemos
dar gracias a Tamudo, al cielo, a la justicia poética y sobre todo
a la constancia premiada de un equipo con fe ilimitada.
Señoras y señores, con todos
ustedes los 18 segundos que nos hicieron vivr un sueño deportivo.