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lunes, 28 de julio de 2008
  ¿Dónde está el bigote?  
     
 

Condenado a la obsolescencia del estilismo, el bigote reaparece.



EL símbolo de la virilidad, ese icono de lo masculino que se ha ido perdiendo de nuestros rostros parece que esta viviendo una segunda juventud. Ha decorado la zona superior a las bocas desde hace siglos, incluso encontrándose evidencias del uso estético en representaciones egipcias. La palabra bigote tiene un curioso origen etimológico: "por dios" en lengua germánica se decía "bei Gott" (fijarse que similitud con el "by God" anglosajón), y los soldados de Carlos V gestionaban en su juramento llevándose la mano a la zona superior al labio. Si nos referimos a un buen bigotazo, poblado, solemos llamarlo mostacho, que tiene precedencia italiana, "mostaccio" (a todos nos ha venido a la mente algún cocinero con su gorrete blanco).

Pero llegó un momento, pasada la resaca de la movida ochentera (muy de moda actualmente) en la que a más de uno sufrió alopecia supralabial, dejándose ver cada vez menos. No sé si fueron las féminas, que hartas de las cosquillas ocasionadas por estos pelillos, tomaron la determinación de hacer que sus hombres se afeitaran, no sé si fue la estética, la metrosexualidad, una campaña atroz de los vendedores de máquinas de afeitar... pero el caso que dejó de verse, excepto en nostálgicos a los que se le acusaba de ser algo más.

Un ejemplo muy significativo para los adictos al fútbol: nombrar al menos tres jugadores actuales que lleven bigote. Atrás quedaron los Martín Vázquez (en su etapa en el Torino), los Sánchez Jara o los míticos melenudos colombianos encabezados por Valderrama. Hablando de colombianos, parece que entre la comunidad latinoamericana o afroamericana todavía se mantiene la tradición del bigotico, no muy poblado, pero bigote al fin y al cabo.

Ahora vuelve lo retro, y tal vez por ello vemos más bigotes que hace unos años, pero claro, deben ir acompañados de otros elementos que lo hagan más cool, como aretes, sombrero o tirantes (o todo junto). Es lo malo de este país, todos hemos debatido sobre el hecho de que nuestra bandera roji-gualda está como mal vista al considerarse fascista, y en menor medida el bigote ha corrido una suerte similar, sobre todo si es finito como un rastro de hormigillas. Y luego en otro lado diametralmente opuesto nos encontramos que también los gays se han adueñado de este adorno, quizás en homenaje al gran Freddie o al bigotudo de los Village People. Sea como fuera, lo que está claro que la gente nunca se ha olvidado del bigote, incluso muchos anhelábamos lucirlo, pero por ese pudor lo integramos en la perilla, para que no se sienta solo y no nos señalen con el dedo. Ya ves tú, hoy en día que vemos cualquier cosa en forma de adorno estético, y nos chocaría ver un bigote.

Pues me niego, y aunque yo lo luzca con perilla (no soy tan valiente), por lo menos le dedico un artículo, en honor a todos los ilustres bigotazos que son parte de nuestra historia y cultura.


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  Curioso  
2 comentarios
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buuuuuuuu
el que creoe sto es un locoMuchas risas
jueves, 30 de julio de 2009 a las 3:58
franquito
Aca en Argetina se estan volviedo a usar y existen los mismos prejuicios pero a mi me la chupan todos esos prejuicios y me calce un bigotazo. saludosVacilando
sábado, 12 de septiembre de 2009 a las 8:04
 
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