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viernes, 19 de septiembre de 2008
Desconocido
  Los juegos oscuros de Cefa  
     
 

Cefa alcanzó su momento álgido con esta serie tenebrosa predecesora de los juegos de rol.

¿Quién no recuerda a en busca del Imperio Cobra como un juegazo? Aunque luego no fuera tal tenemos ese recuerdo. Si hablamos de los juegos de Cefa, el mayor exponente en su momento fue sin duda este, en una época dominada por MB y sus clásicos (Operación, Twister, Quién es quién, Hundir la flota...), la parte oscura la ponía Cefa. Y es que será recordado por este tipo de juegos con personajes fantásticos, tramas propias del terror y misterio o de la literatura de aventuras.

En su gama, Cefa también contaba con juegos clásicos como el Palé o los experimentos del Quimicefa. Pero el Imperio Cobra es la joya de la corona. Tres aventureros, uno de cada mundo (desierto, selva y glaciar) debe colarse en la isla de las cobras y robar el diamante mágico en forma de ojo, que se encuentra en la gran estátua que preside la isla. Para ello reciben ayuda de los dioses, y siempre dependiendo del azar de los dados, sortear las dificultades del camino. La elección más difícil (y tal vez la única) al comenzar la partida es quién ejercerá el papel de malo, que hay algunos a los que le gustaba la idea, pero sabías que lo más normal es que perdieras la partida, por muy bien que defendieras la fortaleza. A no ser que jugaras con limitación de tiempo.

En este maravilloso mundo congeniaban los hombres-cobra con oráculos, dinosaurios, ciudades encantadas, gigantes, espíritus, naves espaciales... incluso el Nautilus tenía su momento. Esa era su gran baza, unir tanto elemento fantástico en un juego, porque las instrucciones consistían en tirar dados y coger cartas cada vez que sacaras impar. Dependías totalmente de la suerte de los dados y las cartas que te tocaran, por lo que de la ilusión inicial a la decepción van 15 minutos. Pero una vez más lo que te venden dista mucho de la realidad, y a día de hoy todos querríamos jugar una partidita de nuevo. Y si luego lo empalmas con Huída del Imperio Cobra II, mejor (no hay muchos juegos con segunda parte).

Pero no estaba sólo, también eran populares otros juegos de la misma gama como Drácula, Dagon, El cetro de Yarek o la copia del Cluedo rebautizada como Misterio. Yo de pequeño tenía, a parte del protagonista del artículo, El fantasma de la ópera y Alerta Roja. El mayor aliciente del primero era el sello con el que marcabas a los jugadores que habían sido alcanzados por el malvado; y al segundo jugaría dos veces, no había quien entendiera las instrucciones a esa edad. Pero para instrucciones raras la de El extraño caso de la calle Morgue, que tenían mis primos. Tan extraño era el caso que ni instrucciones venían. Ya lo decía la caja "un juego sin reglas", pero los incautos compradores no hacían caso y caían en la trampa. El tablero bonito, muchas tarjetas, figuritas... pero tu te curras las reglas. Resultado: no jugamos ni una partida.

Esta serie de artículos bajo el título de nostalgeando hace honor a aquella maravillosa época los ochenta, donde eres un crío y todo es ilusión, pero cuando te haces mayor ves la realidad y te preguntas cómo te pudo gustar aquello. Pero hay que alabar el mérito de Cefa de hacernos soñar con grandes aventuras que ahora mismo estaríamos dispuestos a correr mil veces.

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