A priori la idea de estar dos horas ante la historia de una entrevista no me parecía muy atractiva, pero he de reconocer que una vez se sientan frente a frente entrevistador y entrevistado, no pude quitar ojo de la pantalla.
Rodada en parte como si de un falso documental se tratara, la película se centra exclusivamente en la célebre entrevista, desde los preparativos a la propia grabación. Gran ejercicio de Howard, que con buen ritmo nos muestra los entresijos de los que fue una entrevista ejemplar.
Pero el más destacado es el acertado Frank Langella, un Nixon arrepentido y derrotado, que presenta al ser humano y no al único presidente americano que dimitió, escándalos a parte. Michael Sheen trata de poner su mejor sonrisa, pero la sombre de Nixon es alargada.